La cooperativa mexicana Pascual-Boing sorprendió nuevamente al mercado tras presentar una nueva línea de jugos reformulados para cumplir con las recientes restricciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP), las cuales prohíben la venta de productos con sellos de advertencia en escuelas del país. La empresa logró eliminar azúcares añadidos, endulzantes artificiales y advertencias nutrimentales en algunos de sus productos, con el objetivo de mantener presencia en los planteles educativos, donde durante décadas sus bebidas fueron parte de la vida cotidiana de miles de estudiantes mexicanos.
Detrás de la popular marca existe una historia marcada por la lucha obrera. Fundada en 1939 como Refrescos Pascual, la empresa vivió uno de sus momentos más críticos en 1982, cuando trabajadores denunciaron abusos laborales, jornadas extenuantes y falta de prestaciones. El conflicto escaló hasta el asesinato de dos empleados durante una protesta, hecho que derivó en una larga batalla legal que culminó en 1985 con la creación de la Sociedad Cooperativa Pascual-Boing, administrada por sus propios trabajadores y convertida en símbolo de resistencia sindical en México.
Sin embargo, el futuro de la refresquera continúa siendo incierto. Con la aprobación del Paquete Económico 2026 y el incremento al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para bebidas azucaradas, la cooperativa advirtió que podría enfrentar graves afectaciones económicas, incluso riesgo de quiebra. Aunque el Gobierno federal ha señalado disposición para dialogar con la empresa, hasta ahora no existe un acuerdo concreto, mientras más de 4 mil empleos y proyectos de expansión permanecen en incertidumbre.


